Mi viaje en el arte de la adivinación intuitiva comenzó a los 14 años, cuando mi madre se sumergió en el mundo de las cartas españolas.
Su pasión por la adivinación fue mi inspiración para estudiar el Tarot.

Sin embargo, pronto comprendí que las lecturas premonitorias reflejan nuestros vacíos existenciales y crean realidades basadas en el miedo y la carencia. Decidí apartarme de ese enfoque predictivo y buscar un camino más auténtico.

Un momento decisivo en mi vida, marcado por una pérdida dolorosa, me hizo cuestionar la verdadera utilidad del Tarot. Me pregunté: ¿y si el Tarot pudiera ser una herramienta de sanación y crecimiento?